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Oh Cristo, nuestro único Mediador,

Tú nos eres necesario

para llegar a la comunión con Dios Padre,

para transformamos contigo, que eres su Hijo único y Señor nuestro,

en sus hijos adoptivos,

para ser regenerados en el Espíritu Santo.

Tú nos eres necesario, oh sólo verdadero Maestro

de la verdad recóndita e indispensable de la vida,

para conocer nuestro ser y nuestro destino, el camino para seguirlo.

Tú nos eres necesario, oh Redentor,

para descubrir nuestra miseria moral y para curarla;

para tener el concepto del bien y el mal y la esperanza de la santidad;

para deplorar nuestros pecados y para obtener el perdón.

Tú nos eres necesario, oh Hermano primogénito del género humano,

para reencontrar las verdaderas razones

de la fraternidad entre los hombres, el fundamento de la justicia,

los tesoros de la caridad, el Bien sumo de la paz.

Tú nos eres necesario, oh gran Paciente de nuestros dolores,

para conocer el sentido del sufrimiento

y para dar a él valor de expiación y de redención.

Tú nos eres necesario,

oh Vencedor de la muerte (cfr. I Cor. 15, 54-55),

para liberamos de la desesperación

y de las negaciones

y para tener certeza que no traiciona.

Tú nos eres necesario,

oh Cristo, oh Señor,

oh Dios con nosotros (Mt. 1,23),

para aprender el amor verdadero

y para caminar en la alegría

y en la fuerza de Tu caridad

nuestro fatigoso camino,

hasta el encuentro final

contigo el amado,

contigo bendito

en los siglos.